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5 Mitos de la Ciencia Moderna que Aún Nos Creemos
2 COMENTARIOS
24 enero, 2014  |  Escrito por Juguetes Famosa

Hay un comentario que corre como la pólvora por Internet y que trata de hacernos comprender la magnitud y la urgencia de los cambios tecnológicos que estamos viviendo: “El 95% de los científicos e ingenieros que la humanidad ha conocido están vivos y trabajando ahora”. Estos científicos no paran de descubrir cosas nuevas, a veces realmente sorprendentes, pero que tardan mucho en trascender al gran público. Vamos a echar un vistazo precisamente a esos mitos científicos que la propia ciencia ha puesto al descubierto.

Muchas de las verdades que asumimos como ciertas hoy en día son resultado de investigaciones llevadas a cabo en el siglo XIX y principios del XX, cuando las mismas técnicas empleadas para el análisis eran aún primitivas y cuando Fleming descubría la penicilina por casualidad, al dejarse olvidado su experimento durante unas vacaciones.

Con malas herramientas parece difícil obtener un resultado óptimo, aunque consiguieron engañarnos a todos, incluida cierta academia sueca.

La Vitamina C es buena para el catarro

Linus Pauling, el origen del mito de que la Vitamina C es buena para el catarro y también anti cancerígena, fue un bioquímico americano galardonado con el Premio Nobel de Química en 1954. Varios estudios de finales de los 90 se centraron en comprobar su veracidad, poniendo en entredicho al pobre Linus, que solo cometió un pequeño error de asociación.

La Universidad de Helsinki recopiló en 2006 más de 30 de estos estudios sobre la Vitamina C  (en inglés) y concluyó que es buena para el catarro, pero tanto como la K, la B o la que uno prefiera porque es un sistema inmunitario fuerte lo que nos protege del resfriado común. Linus sí que obtuvo algún resultado positivo contra el cáncer -según este estudio (en inglés) de la Universidad de Kanazawa- pero realizó sus pruebas por vía intravenosa, no comiendo naranjas.

El calor corporal se escapa principalmente por la cabeza

Esta creencia  tiene su origen en un estudio que el ejército norteamericano decidió llevar a cabo en el Polo Sur allá por los años 40. Sus precipitadas conclusiones han hecho que generaciones enteras de madres y abuelas tejiesen tantos gorros y bufandas como para que las ovejas quisieran huir a Nueva Zelanda.

Parece ser que perdemos la misma cantidad de calor por cualquier parte de nuestra piel. Sin embargo, nuestro cerebro es la pieza más valiosa del equipo y tiene un sistema de protección especial que explica porque es mejor taparse la cabeza que ponerse calcetines si tenemos los pies fríos.

Si no hay suficiente temperatura para mantener todas las partes del cuerpo, el cerebro empieza sacrificando lo más prescindible para asegurarse de que los órganos vitales siguen calientes, así que pies, orejas, nariz y dedos caen primero, como tristemente saben los alpinistas perdidos en la alta montaña, que nos trae nuestro siguiente mito.

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La montaña más alta del mundo es el Everest

Sus 8.848 m ciertamente le convierten en el punto más cercano al cielo y por encima del nivel del mar. Sin embargo, técnicamente la altitud de una montaña debe medirse desde su base a la cima, y el Everest empieza en la ya de por sí elevadísima cordillera del Himalaya. El monte Mauna Kea en Hawái asoma 4.200 m, pero su base se hunde varios miles más bajo el mar arrojando una altitud total de 10.200 m y convirtiéndole en la montaña más alta del mundo.

En la Luna existe un lado oscuro

¿Verdad? Va a ser que no. Sí es cierto que desde la Tierra solo podemos ver un hemisferio de la Luna, pero es debido a que nuestro satélite gira de forma sincronizada con nosotros, atraído por la enorme gravedad de nuestro planeta. La Luna se expone por igual al Sol, pero le cuesta lo mismo girar sobre sí misma que alrededor de la Tierra, un fenómeno conocido como revolución sinódica causante de la ilusión del “lado oscuro”.

Los seres humanos tenemos 5 sentidos

El último de nuestros mitos por derribar puede que te haga sentir como un Spiderman o una Lara Croft de la vida real. Aunque la lista definitiva sigue en disputa, los científicos más optimistas han identificado 17 formas distintas con las que obtenemos información del exterior.

Algunos funcionan sin necesidad de que hagamos nada pero otros, como la propiocepción, son los que te permiten tocarte la nariz con los ojos cerrados, y la sed o el hambre no son solo necesidades sino sentidos completos que permiten a nuestro cuerpo saber qué necesitamos en cada momento.

Photo credit: victoria white2010

Photo credit: Noemi Jairod

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COMENTARIOS (2)
Sergio González 2014-02-13 09:10:16
Hola, Joana! Muchas gracias por tu comentario :) ¿Te interesa la ciencia?
Joana 2014-01-28 09:09:46
Que belo tema!