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Cómo contar las mejores historias
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14 octubre, 2013  |  Escrito por Juguetes Famosa

¿Cuántas veces hemos querido contar un chiste y a medio camino nos hemos dado cuenta de que íbamos mal, terminando por decir que dicho con gracia sonaba mejor? Con los cuentos y las historietas pasa lo mismo, si tenemos un poco de estructura y sabemos a dónde queremos llegar, conseguiremos contarles a nuestros hijos las mejores historias, divertidas y con moraleja.

Nuestro primer consejo te va a sonar a clásico, pero es que lo clásico es lo que siempre funciona, independientemente de las modas del momento: todas las historias necesitan una entrada, un nudo y un desenlace.

Generalmente, se recomienda dividir la extensión de la historia en cuatro partes: una para la introducción, dos para el desarrollo y la última se guarda para el final, pero es mejor no tomarse esto como si estuviera escrito en piedra y adaptarnos a los gustos de los oyentes, en este caso nuestros propios hijos.

Empieza tu historia con algo impactante, que sobrecoja a tus oyentes, y que a ti te guste; si el narrador disfruta con la historia, se contagia a los oyentes.

Utiliza detalles claros que ayuden a darle vida a tu historia. Un balón no dice mucho, pero si el balón estaba desgastado porque se pasaba las horas jugando en el parque con sus amigos ayuda a crear una imagen más nítida, mucho más fácil de recordar y de transmitir después.

No abuses de las descripciones; piensa en la cantidad de veces que te saltas párrafos enteros de una novela porque describen montañas y ríos que no aportan mucho a la historia.

Haz buen uso de las pausas y los silencios y ponlos a trabajar para ti. Que seas tú quién lleve el ritmo de la narración, y no al revés. Una buena forma de controlar el ritmo es dejar caer preguntas del tipo ¿y qué pasó después?

Para mantener la emoción y que no decaiga la intriga, es importante que te guardes algo de información para ti, que no desveles todos los sentimientos o motivaciones detrás de los personajes y deja que tus niños lo vayan descubriendo poco a poco y llegando a sus propias conclusiones.

Si atascas por la mitad, no te preocupes porque son cuentos y atribuir cosas a la magia o la fantasía te sacará de más de un apuro novelístico.

Como estamos contando historias para niños, no tengas problema en hacer que tus personajes sean todo lo arquetípicos que quieras: los buenos pueden ser muy buenos y los malos, malísimos, pero da detalles de su aspecto y sentimientos para que puedan hacerse una idea clara de cómo son y se puedan identificar con ellos.

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Dota a tus personajes de simbología, como por ejemplo la aleta rota de Nemo, el pececito de Pixar. Nemo tiene una aleta rota porque algo le falta en su vida, en este caso su madre, y porque tiene una gran aventura por delante para la que, en principio, no estaba preparado.

Para ambientar nuestra historia, podemos echar mano de disfraces o de alguna ropa divertida; un gorro de mago puede potenciar la fantasía y convertirnos en un momento en el mejor cuentacuentos. No tengas vergüenza en imitar sonidos de animales o en reproducir la lluvia, al estilo de los efectos sonoros del cine más clásico. Y si quieres imitar los cascos del caballo que transporta al valiente héroe, las dos mitades de un coco van perfectas.

Termina tu historia con un final sorprendente, y positivo,  en la medida en que puedas. Las buenas historias proporcionan nuevas experiencias e ideas que disfrutar y de las que aprender.

Photo credit: jseattle

Photo credit: Joe Shlabotnik

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