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¿De dónde habrá sacado eso?
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5 diciembre, 2014  |  Escrito por Carlota Nelson

Los niños tienen la habilidad de sorprendernos diciendo cosas o haciendo cosas que no les hemos enseñado ni queremos que repitan jamás. Y, ley de vida, muchas veces lo sueltan en los peores momentos. Nosotros nos quedamos con cara de póker y decimos: “¿De donde habrá sacado eso?”  A veces lo hacen sin tener conocimiento de causa, otras lo hacen para llamarnos la atención. En este post hablaremos de palabrotas pero estos mismos consejos se pueden aplicar a otras situaciones embarazosas que suceden cuando tu ni siquiera estás presente. Morder a un compañero de cole, por ejemplo, hacer trampas o mentir. Aquí te contamos por qué lo hacen, dónde lo aprenden y cómo enseñarles a desaprender aquello que no nos gusta.

Malas Palabras

Si son niños pequeños los que dicen palabrotas, lo hacen simplemente por repetir algo que han escuchado. No están intentando ofender a nadie ni hacer daño. Están aprendiendo a usar palabras para comunicarse. Para ellos lo mismo da la palabra “tonto” que “cacerola”.

Tratándose de los más pequeños, pedagogos y educadores recomiendan tener en cuenta su edad y madurez antes de ponerles mala cara o reírse. Los expertos dicen que regañarles por algo que ni siquiera ellos saben qué significa, no lleva a buen puerto. Lo mejor es ignorarlo y de ese modo, seguramente se les olvidará y no volverán a repetirlo.

De lo contrario pueden ver en nuestra reacción la llave secreta para llamarnos la atención. Para hacernos reír nuevamente o enfadarnos. Y la próxima vez que busquen nuestra atención, se acordarán de esa palabra mágica, esa palabra que les dio en su día lo que ellos querían.

Si la vuelven a repetir, explícales con calma, por qué esa palabra no es apropiada o simplemente inaceptable. Y anímales a buscar otras. Afortunadamente, nuestro idioma tiene una riqueza de vocabulario extensa y variada. Otra opción es motivarles a inventarse palabras nuevas para comunicar su estado de ánimo.

Si son tus hijos más grandes  los que dicen palabrotas, puede que lo digan para hacerse los mayores sin entender que realmente pueden ofender. Pero hay casos en los que sí saben que son palabras malas y las guardan sigilosamente en la recámara, preparados para usarlas cuando se sienten frustrados o quieren herir a otro.

Si tus hijos emplean palabrotas cuando están llenos de rabia o enfadados, céntrate en el problema, pregúntales por qué se sienten así y qué es lo que necesitan en ese momento. La conversación acerca de las palabrotas puede esperar a que estén más calmados.

Ahora bien, hay niños que sabiendo que no se deben usar palabras inaceptables o malas, no paran. En este caso, habrá que echar mano de la disciplina ya sea quitándoles privilegios (no ver la tele, no jugar a videojuegos o no salir a jugar con sus amigos) o mandarles a su habitación un rato para que recapaciten y se den cuenta de lo que han hecho.  En ningún caso, se les debe pegar, gritar o insultar.  Como comentamos en nuestro post: 7 razones para no dar azotes a nuestros hijos, las personas que “han sido castigados con violencia física y verbal en la infancia tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales, como ansiedad, depresión o disfunción de la personalidad.”

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¿De dónde sacan eso?

Todos sabemos que los niños son esponjas y además son muchísimo más conscientes del mundo en el que viven de lo que queremos pensar.  Y aunque no lo queramos admitir, suelen “sacar eso” de lo que escuchan en casa. Por mucho cuidado que tengamos hablando delante de ellos, a todos se nos escapa alguna. Debemos prestar mucha atención a nuestra propia forma de expresarnos, sobre todo en momentos o situaciones difíciles y saber pedir perdón o disculparnos si soltamos alguna barbaridad.

Igual que el miedo es contagioso y se transmite de padres a hijos, nuestro comportamiento también lo es. Todo lo que somos, decimos y hacemos tiene un gran impacto en nuestros hijos. Transmitimos nuestra personalidad y estilo de vida, nuestras emociones, formas de reaccionar, creencias y palabras. Y también nuestras palabrotas.

A veces, en la tele, los dibujos animados y películas emplean un lenguaje que no queremos para nuestros hijos. Por ello, es importante saber más acerca de lo que ven y monitorizar lo que escuchan.

Pero por mucho cuidado que uno tenga en casa, también existe todo un mundo que no podemos controlar. Lo que pueden decir compañeros suyos en el cole o en el recreo, por ejemplo. En el parque o en casa de sus tíos. Ante estos “imprevistos” lo mejor es sentarse a hablar con calma y con cariño. Pero ¿que puedo hacer para que me escuchen? Te lo contamos aquí.

¿Tus hijos dicen palabrotas? ¿Qué truco te ha funcionado a ti para que dejen de decirlas?

Photo Credits: Philippe Put

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¿Tu hijo es muy sensible? | The ToyBlog 2015-01-13 11:52:08
[…] de la alegría o la tristeza, también ve venir otras emociones como el enfado. Gracias a eso son pequeños más obedientes pero están expuestos a una mayor frustración. Sufren muchísimo cuando sus padres o profesores […]